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VI Domingo de Pascua

13/5/2023

 
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La evidencia del amor

Estamos llegando a los últimos días de esta cincuentena Pascual. Dentro de poco celebraremos la Ascensión del Señor a los cielos y la gran fiesta de Pentecostés que es el el inicio de la Iglesia, animada por el Espíritu Santo, en las primeras comunidades cristianas, como estamos escuchando en la lectura cotidiana de los Hechos de los Apóstoles.

Hoy nos encontramos con el pasaje del Evangelio de San Juan en el cual Jesús anuncia a sus discípulos un acontecimiento importante, una despedida esperanzada: tras su resurrección, el Señor les enviará el Espíritu Santo, que les guiará haciéndoles recordar y comprender cuanto Él les había dicho. El Espíritu Santo es revelado así como otra Persona divina con relación a Jesús y al Padre. Con ello se anuncia ya el misterio de la Santísima Trinidad, que se revelará en plenitud con el cumplimiento de esta promesa.

Leemos en el evangelio de este domingo que Jesús dice: "os enviaré otro Paráclito", significa que Él actuó con los discípulos como paráclito, es decir, como «llamado junto» a cada uno de ellos, con el fin de acompañar, consolar, proteger, defender... custodiar la vida del espíritu en ellos. Jesús habla del Espíritu Santo como de «otro Paráclito», porque el mismo Jesús es nuestro Abogado y Mediador en el cielo junto al Padre. Y el Espíritu Santo será dado a los discípulos en lugar suyo como custodio, cuando Él suba al cielo. También hoy recibimos esa promesa, somos custodiados por el Espíritu Santo, nos acompaña e ilumina en esta peregrinación de la vida, hacia Dios, y siempre está con nosotros, y con ello se cumple su palabra: "no os dejaré huérfanos".

"Así como Jesucristo predicaba, así ahora el Espíritu Santo predica; así como enseñaba, así el Espíritu Santo enseña; así como Cristo consolaba, el Espíritu Santo consuela y alegra." (San Juan de Ávila)

Las acciones del Espíritu Santo son una evidencia de esta custodia. En la Palabra de hoy leemos diferentes verbos: amar, guardar, ver, conocer, morar, estar en, volver, vivir, aceptar. Todas estas acciones nos revelan la acción del Espíritu Santo en nosotros: aceptar su Palabra, guardarla en el corazón, ver con ojos de fe, conocer a Dios, saberme habitada, esperar su regreso, confiar en la vida eterna, todo esto es
manifestación del Espíritu en nosotros, porque nadie puede decir " Jesús es el Señor" si el Espíritu Santo no se lo concede. (cf. 1Cor 12,3)

Pero aún hay una evidencia mayor: "No hay amor más grande que dar la vida" (Jn 15,13) Jesús fue el primer paráclito, custodió la vida de aquellos que le habían sido entregados por el Padre (Jn 17,9), y una vez finalizada su misión en esta tierra, en su último aliento de vida... "entregó el Espíritu" (Jn 19,30), y por este Espíritu somos vivificados, consagrados, animados, fortalecidos, iluminados en la verdad, porque Él es la verdad (cf. Jn 14,17).

No tenemos mayor evidencia, ni es posible, de su amor por nosotros. Ante esta evidencia, ante este amor tan inmenso, surge en nuestro pequeño corazón: "¿cómo puedo corresponderte, Señor?" y Jesús dice: "el que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama". La verdadera evidencia de un corazón que ama a Dios es que este guarde sus mandamientos, guardarlos no por temor, sino porque le amamos. Y aún para ello necesitamos del Espíritu Santo, que habla el lenguage de Dios, que es capaz de transformar nuestra mente, nuestra vida, nuestro corazón, en morada suya, llena de luz y de verdad.

Guardar sus mandamientos consiste fundamentalmente en este consejo: “amar al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y amar a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 34-40), no hay mandamiento mayor que éste.
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MARÍA, nuestro modelo.

María acogió la promesa del ángel Gabriel, enviado por Dios, guardó todo en su corazón, se dejó llenar del Espíritu Santo (cf. Lc 1,35), aceptó ser morada de Él. A Ella nos dirigimos con humildad para pedirle su intercesión y así, como Ella, sepamos acoger la Palabra, guardarla, y dejar obrar al Espíritu Paráclito en nosotros.
​Lecturas:
Hch 8, 5-8. 14-17
1 Ped 3, 15-18
Jn 14, 15-21



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