“Mi peso es mi amor; Él me lleva” (San Agustín, Confesiones XIII, 9, 10)
Acompañada de sus hermanas: Sara y Verónica; de familiares, amigos, de los laicos de nuestra fraternidad y de todas las personas cercanas que han querido estar con ella en este paso tan importante de la Consagración, nuestra Hermana Sofía decía sí a Cristo con los votos de castidad, pobreza y obediencia Varios sacerdotes concelebraron la Eucaristía, presidida por el obispo emérito de la Diócesis de Ávila, don Jesús García Burillo. Un día de inmensa alegría con el que comienza para nuestra Hermana Sofía un tiempo fuerte de entrega en la Comunidad, en la Iglesia, dentro de nuestra Orden de San Agustín. Eso sí, con el descanso de saber que su peso es su amor y que es Cristo el que la lleva cada día más hacia Él. Acción de graciasMi peso es mi Amor; él me lleva son también las palabras que hablan de ti, Señor. Empiezo mi acción de gracias reconociendo con gratitud el gran amor que me has revelado en estos años a través de tu Palabra y la Eucaristía, llamándome cada día y sosteniéndome en mi respuesta. Tú me has llevado; has sido columna de nube en el día y columna de fuego en la noche, y por amor de tu amor, yo, pequeña parte de tu Creación, quiero alabarte hoy, junto a estos hermanos míos que me acompañan y celebran conmigo tu inmenso amor.
Gracias, Señor, por el don de mi vida; por pensarla, desearla y custodiarla. Gracias por hacerla hoy conmigo ofrenda como respuesta al AMOR. Tú has dicho hágase y mi vida ha sido. Has creado y recreado mi historia continuamente, hasta llegar al día de hoy. Por este misterio de amor, te doy gracias. Gracias por mi familia y mis amigos, por cada persona que has puesto en mi camino que como el Buen Samaritano se han acercado a mí y me han subido a su propia cabalgadura hasta llevarme a Ti. Gracias por regalarme a mis hermanas Sara y Vero que han sido para mí testimonio claro de entrega y amor. Gracias por el don de la fe que me regalaste en el seno de mi colegio CEU San Pablo, a donde fui llevada por Ti sin saberlo, para que ellos me llevaran a Ti sabiéndolo. Gracias porque a través de la enfermedad te revelaste como Dios con nosotros y has seguido haciéndolo con fuerza hasta el día de hoy. En mi fragilidad has hecho alianza conmigo y me has enseñado que me basta tu Gracia. Gracias por mi parroquia que ha acompañado mis primeros pasos de seguimiento; por Ángel y Miguel, que me han ayudado a escuchar tu voz de Buen Pastor. Gracias también porque a través de la parroquia llegué a este lugar que Tú me habías preparado como hogar. Gracias por cada hermana a la que has llamado de nuestra Federación, a las que hoy me vinculas por amor, con ellas empecé este camino y con ellas deseo entregar mi vida. Gracias por su compañía fiel en el camino; por concederme experimentar cuán bello y gozoso es que los hermanos vivan unidos. Gracias por nuestra fraternidad de laicos, por cada uno de nuestros hermanos que ha respondido a tu llamada y caminan con nosotras hacia Ti. Gracias por llamarme a formar parte de la Orden de san Agustín, por tantos hermanos y hermanas que me han precedido y me preceden en este Santo Viaje; gracias por Nuestro Gran Padre Agustín, por su testimonio que en mi noviciado me ha ayudado a volverme una y otra vez a Ti. Te has fijado en mi pequeñez y has hecho obras grandes por mí, por eso te cantará mi alma sin callarse, Señor y te daré gracias por siempre. Los comentarios están cerrados.
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