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El sábado, 27 de abril, fue el día reservado a las claves, con las que se alternaban los tiempos de reflexión personal. La primera clave de la mañana, a cargo del padre Agustino, Gonzalo Tejerina, planteaba el tema del cristianismo como una religión de convertidos, centrándose también en la Conversión de San Agustín. A las doce del mediodía, Madre Prado nos adentraba en la segunda clave del día con la fenomenología de la conversión. En ella, recordaba que el hombre es capaz de Dios porque Dios se ha acercado al hombre, propiciando una conversión. En este sentido, Madre Prado explicaba cómo se estructura una conversión a través de tres pasos: la iniciativa siempre es de Dios, que irrumpe e interrumpe la vida; es una iniciativa que nos provoca en un instante y, además, es inesperada; y, en tercer lugar, el conocimiento, el instante en el que se resuelve, pues la conversión no es un paso previo sino una consecuencia de la acogida. Madre Prado decía que el Libro VIII de las Confesiones de San Agustín incluye varios núcleos temáticos que provocan que ese momento de dolor ante el mal hasta derramar lágrimas, ese momento de catástrofe, se transforme en conversión: la mediación humana; el ejemplo de los otros; la ‘interrogatio cordis’, es decir, lo que oye y ve lo interioriza y se interroga a sí mismo; también la amistad y el diálogo, el coloquio con alguien que te puede comprender. El único peligro que hay en la vida, decía Madre Prado, es no convertirnos a Dios, no volver a Él. Y eso forma parte de la fenomenología humana, depende de una decisión humana. Después, a primera hora de la tarde del sábado, tenía lugar la última charla de este Járis, en la que Madre Carolina explicó las claves para permanecer en conversión continua. Por la tarde también hubo tiempo para una puesta común entre los participantes en este Járis y las hermanas, y por la noche terminábamos el día con un encuentro fraterno. El domingo, 28 de abril, después de la Eucaristía, tenía lugar en nuestra Iglesia de la Reconciliación la lectura del Libro VIII de las Confesiones de San Agustín, con la que culminaba este LIII Járis. Los comentarios están cerrados.
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