"Cordero de Dios |
| El itinerario de esta Semana Santa se centra en el pasaje bíblico de Jn 14, 26-27: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”. Como en cada Triduo Pascual, las claves de cada día cargadas de la Palabra de Dios, la liturgia y los Oficios nos adentran en este misterio de la Muerte y la Resurrección de Jesucristo. |
Este Jueves Santo comenzaba por la mañana con la acogida de todos los que vienen a vivir estos días en nuestro monasterio este tiempo fuerte y fundamental para los cristianos. Por la tarde, desde primera hora, ya nos reuníamos por grupos de distintas edades –niños, adolescentes, jóvenes y adultos— para tener una presentación y una primera toma de contacto entre todos. Después, como cada día de este Triduo Pascual hay un espacio dedicado a la Mistagogía –explicación y ensayo de lo que vamos a vivir en la liturgia, principalmente en los Oficios de la tarde—.
Tras estos primeros momentos, todos juntos nos reunimos para tener una presentación por pequeños grupos de todos los que vamos a participar en esta Pascua.
| Esta primera charla, a cargo de Madre Carolina, nos introducía en el misterio de este día a través del deseo de Dios que nos ha enviado a su Hijo, Jesús, para salvarnos y que quiere que todos participemos de la mesa de la comunión que es la Eucaristía. “El deseo de Dios es reunirnos a todos alrededor de Él. Hacer de la Trinidad una casa para todos, una mesa abierta donde todos podamos sentarnos y celebrar la comunión y el amor”, apuntaba Madre Carolina. Jesús, que es la expresión plena de este deseo de comunión y paz de Dios con los hombres, “ha venido a vivir en esta tienda y se ha sentado a la mesa, ha comido con todos, con los pecadores y con los indignos también”. |
El hombre con el pecado rompió esta comunión, por eso Jesús viene a restaurar esta ruptura. Él mismo se sienta a esta mesa ofreciendo su cuerpo y su sangre para llegar a la mesa de la reconciliación porque en esa mesa también caben los que nosotros consideramos nuestros enemigos: “Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos” (Sal 23). El Cordero ha cargado con su pecado –con el de los enemigos— y con el mío haciendo posible una alianza de paz entre todos.
El acto central del Jueves Santo tenía lugar a partir de las siete de la tarde con la Celebración de la Cena del Señor, cargada de significado y de símbolos, donde Jesús parte el pan para sus discípulos, dejándonos desde ese momento la Eucaristía y donde también Jesús lava los pies a sus discípulos como signo de amor, de entrega y de servicio. Él no vino a ser servido sino a servir y así también quiere que lo hagamos nosotros.
Ya por la noche, terminábamos el día en oración con la Hora de Jesús haciendo memoria de su oración al Padre en Getsemaní.
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