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Don Victoriano acompañó los pasos de nuestra comunidad nada más llegar a Sotillo y, desde entonces, siempre. Eran los inicios del verano de 2012 y él se acercó a las primeras hermanas que acababan de llegar, con la casa aún sin terminar y con todo por hacer, y se ofreció como sacerdote, por si le necesitábamos para celebrar la eucaristía algún día… Desde entonces, ¡cuántos días y cuántas eucaristías! ¡Cuántas oraciones, encuentros, visitas! Se ha tejido una preciosa historia de cuidado, pastoreo y amistad entre nosotras y los nuestros con él y su hermana Trini.
Muchas veces nos decía que en sus últimos años de vida nosotras habíamos reavivado en él el amor a la liturgia. Él, por su parte, nos ha enriquecido con la hondura de toda una vida entregada al servicio de la Iglesia, su amor al estudio, su juicio recto y sabio, su consejo de padre y hermano mayor. El lunes pasado me dijo en el hospital: “Dile a las hermanas que ¿a dónde iremos? ¿A dónde vamos a ir lejos de Jesús? Él es la vida, la luz, el agua. ¡Él es todo!” No lo sabíamos, pero estas palabras eran su testamento espiritual. El miércoles día 7 de junio, por la tarde, marchó a la casa del Padre. Gracias por todo y por tanto don Victoriano. Estamos seguras de que tu cielo será seguir cuidando y velando por nosotros. Los comentarios están cerrados.
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