Desde nuestra casa, pasando por el pueblo de Santa María, llegamos a la garganta de Majalobos, unas cascadas preciosas por las que apenas corría un poco de agua. Ya que contábamos con la compañía del P. Carlos, tuvimos la gracia de celebrar la Eucaristía al aire libre. Fue una oportunidad de comunión, alabanza y acción de gracias en medio de la creación. A partir de ese momento, unos versos del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz nos acompañaron durante el resto del camino: Ya en las cascadas, abrimos otro espacio más de ágape fraterno: la comida. Después, dos hermanas nos introdujeron en la conversación de nuestro padre Agustín con la creación, correspondiente a un pasaje de Las Confesiones. Con la respuesta de las criaturas "Él nos hizo" entramos en un espacio de contemplación, de silencio, de atención, de escucha y de apertura a la voz de la creación que no cesa de alabar al Señor. En la Presa de Majalobos iniciamos el descenso de vuelta a casa. Concluimos la jornada recogiendo el día, compartiendo lo que cada uno había vivido.
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