Pascua Agustiniana 2026“La vida feliz es, pues, gozo de la verdad” (Conf. X, 23, 33). La celebración ha coincidido este año con tantos acontecimientos que nos recuerdan el claroscuro de la vida. Como nos dice el libro del Qohélet, hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para abrazar y un tiempo para separarse, un tiempo para la guerra y un tiempo para la paz. Nuestra existencia está atravesada por contrastes, por luces y sombras, alegrías y sufrimientos que se alternan y que, tantas veces, nos desconciertan. Sin embargo, en medio de esta realidad, san Agustín nos señala un camino estirar el corazón hacia Aquel que no pasa, hacia la Verdad que permanece. Porque existe un gozo capaz de atravesar incluso las noches de nuestra vida: el gaudium de veritate, el gozo del encuentro con Cristo, que no elimina el sufrimiento, pero sí transforma nuestra manera de vivirlo. Nuestra celebración comenzó en la mañana de santa Mónica con la Eucaristía. Después de compartir el desayuno, pudimos profundizar en la carta del Triduo y en esta gran llamada al gozo de la mano de la Madre Prado. Los talleres nos ayudaron también a continuar compartiendo y profundizando juntos en el sentido de este tiempo de gozo. La tarde estuvo especialmente marcada por la oración por las madres, poniendo ante el Señor sus vidas, sus alegrías, sus preocupaciones y sus lágrimas, y confiándolas a la intercesión de santa Mónica. Con ella recordamos a tantas madres que, como nuestra santa, sostienen la esperanza, perseveran en el amor y no dejan de confiar en Dios. Tras la oración, celebramos las Vísperas de San Agustín, disponiendo nuestro corazón para su gran fiesta. La jornada concluyó con la cena compartida y una alegre velada, en la que también pudimos experimentar que el gozo se multiplica cuando se vive juntos. En la solemnidad de san Agustín, comenzamos el día con los Laudes, para continuar después con los últimos preparativos de la liturgia y de la comida festiva. El centro de nuestra celebración fue, como no podía ser de otro modo, la Eucaristía, en la que dimos gracias por la vida de nuestro padre san Agustín, por su búsqueda apasionada de la Verdad y por el don de su carisma en la Iglesia. La comida compartida y el encuentro de la tarde, en el que pudimos escuchar diferentes testimonios, prolongaron la fiesta y nos ayudaron a reconocer, una vez más, la presencia de Dios en nuestra historia.
Estos días hemos vuelto a descubrir que el gozo cristiano no es una alegría superficial ni la ausencia de dificultades. Es la certeza de que Cristo está presente. Es la alegría que puede permanecer en medio de las lágrimas, la libertad que nos hace no depender de las circunstancias y la comunión que nace de tener un mismo tesoro. Como nos recordaba la carta del Triduo, el gozo de uno no priva al otro de la misma Verdad, sino que lo multiplica. Por eso, celebrar juntos a santa Mónica y san Agustín ha sido también una ocasión para renovar nuestra vocación a ser comunidad, a vivir “con un solo corazón y una sola alma hacia Dios”. Que ellos nos enseñen a reconocer, en medio del claroscuro de nuestra vida, la luz de Cristo y a dejarnos encontrar por Él, única Verdad capaz de colmar nuestro corazón inquieto. ¡Feliz Pascua Agustiniana! Que podamos llevar a todos el Gaudium de Veritate, el gozo que nace de vivir en Él. Los comentarios están cerrados.
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