“Cuando sea alzado sobre la tierra atraeré a todos hacia Mí” (Jn 12, 32)El Viernes Santo ha estado marcado por la memoria del Calvario, acompañando a Jesús a través de la oración y la meditación de su Pasión y Muerte en la Cruz. “Cruz. Cuando sea alzado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí” era el título de la clave de Madre Prado para introducir a todos los presentes en el Misterio de la Cruz. Jesús crucificado asumió el sufrimiento de todos y manifestó así la universalidad de la esperanza por el Amor, sin ocultarlo sino de manera visible, porque aparece desfigurado hasta tal punto que resulta difícil verlo. Sin embargo, esto no nos deja indiferentes, porque ese Amor dará sentido a la vida y al sufrimiento, siendo motivo de fe y esperanza. Dios atrae al hombre hacia sí haciéndose próximo a nosotros a través de la Encarnación. Su Amor Crucificado nos atrae elevándonos, alzándonos de todas nuestras caídas, del desamor y de la indignidad. Cristo nos atrae hacia el Padre levantándonos hasta la estatura de su Amor. El sufrimiento no salva si no es por el Amor, que da sentido a todo, a la alegría y a la tristeza, al sufrimiento y a la dicha, al trabajo y a las relaciones, etc. Sólo el Amor salva. Tras un tiempo de oración personal después de la clave de la mañana, a las doce del mediodía tenía lugar el Vía Crucis preparado por los niños. Por la tarde, a las cinco, comenzaba la conmemoración de la Pasión del Señor, teniendo como momentos principales la lectura de la Pasión y la adoración de la Cruz, un momento de gran recogimiento y profundidad en el que, por grupos o por familias, nos acercamos a la Cruz para arrodillarnos ante Cristo crucificado. Por la noche terminábamos el día con la oración ante la Cruz.
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