La toma de hábito marca el comienzo de una nueva etapa en la vida consagrada de Clara y Carmen, un tiempo de crecimiento interior y de mayor configuración con Cristo al estilo de San Agustín, en la vida común y la búsqueda de la unidad en el amor.
Con gratitud y esperanza, la comunidad dio gracias por el “sí” de estas hermanas, signo de fidelidad y de la presencia viva de Dios que sigue llamando hoy a seguirle más de cerca en la vida monástica. Los comentarios están cerrados.
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