Con esta primera piedra comienza una llamada que está en el corazón de la Comunidad desde hace años para acoger a jóvenes y adultos que buscan a Dios, con dificultades personales o inquietud personal y religiosa. Ya tenemos hospedería, donde acogemos a personas y a grupos que quieren venir durante el fin de semana o durante unos días, pero en el Iter el acompañamiento es más personalizado y la estancia puede ser un poco más prolongada. Iter significa camino, por eso queremos acompañar, especialmente, a aquellas personas que pasan por momentos difíciles: “Porque amamos a Dios y agradecemos el don que nos ha sido dado al recibir la fe, su amor y su esperanza. Y porque amamos al ser humano, con sus luces y sombras, pero especialmente nos sentimos atraídas hacia aquél que vacila, tiene dificultades, errores, faltas, fealdades, torpezas y se ha distanciado del plan de Dios. Porque creemos que una Comunidad orante ha de vivir la caridad de Dios, porque hemos recibido mucho y queremos ofrecerlo” Este deseo de la Comunidad, por la gracia de Dios, coincidía con el de María Ramallal y Álvaro Guzmán: poner en marcha un proyecto que sirva para ayudar a otros, para caminar con ellos, especialmente, en momentos difíciles.
A través de la liturgia y la oración; del encuentro personal; de la lectura, el estudio, el silencio y la reflexión; del trabajo físico y de la peregrinación, ITER se basa, fundamentalmente, en el acompañamiento en momentos complicados para encontrar una respuesta a la propia vida. Todo ello apoyado por la presencia de una comunidad religiosa con la que orar, compartir trabajos, dialogar, etc., aunque sea una hermana o un pequeño equipo el que se encargue directamente de la persona que realiza el Iter. Rezamos y pedimos que, a medida que se va construyendo la casa, el Señor nos vaya construyendo también por dentro, para que podamos acoger, acompañar y caminar con cada una de las personas que vengan al Iter. Los comentarios están cerrados.
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