“La gloria de Dios es humilde porque ama”
Tras esta primera presentación, comenzaba la primera clave del Triduo, de la mano de la Hna. Inma, en la que nos introdujo en el misterio de la Eucaristía, pasando por tres etapas: la gloria en el Antiguo Testamento; la gloria de Dios en Cristo, en la Eucaristía; y cómo llevar esa gloria de Dios manifestada en la Eucaristía a nuestra vida diaria. En la primera parte, correspondiente al Antiguo Testamento, se recordaba que lo que sucede en el Jueves Santo estaba pensado desde toda la eternidad. “Toda la historia de la salvación se puede recorrer con el hilo de la gloria”, decía la Hna. Inma, explicando que Dios quiere buscarnos, llegar hasta el espacio donde habitamos. Por eso, encontramos la gloria de Dios en la Creación, en el hombre y en la historia. “Dios da un paso atrás para el mundo entero sea”. En este sentido, la Hna. Inma apuntaba que “la gloria del hombre será siempre en relación con otro, con la mirada de los otros”. Una relación en la que Dios da y el hombre acoge y en la que “la gloria de Dios es humilde porque ama”. En la segunda parte, relacionada con la gloria de Dios en Cristo, en la Eucaristía, entrábamos en ese misterio de humildad en el que “Dios se nos entrega a través de los signos del pan y el vino”, decía la Hna. Inma, que destacaba que “toda la vida cristiana toma la forma de la Eucaristía”. La Eucaristía educa la vida, la fe, porque a través de ella “entramos a participar de esa mesa abierta”. Para vivir la comunión con Cristo, hay que vivir en comunión con los hermanos, también entrar en comunión con los que sufren porque, en la Eucaristía, “Dios se ha solidarizado con la humanidad doliente”. En la tercera parte, la Hna. Inma nos invitaba a llevar esa gloria de Dios manifestada en la Eucaristía a nuestra vida diaria, en concreto, el signo del Jueves Santo del Lavatorio de los pies: “Cuando salgas de la Eucaristía, vive este gesto. La Eucaristía continúa cuando salimos de ella”. “Toda esta entrega de Dios es la gloria de Dios que se nos ha manifestado”.
A las siete de la tarde comenzaba la celebración de la Cena del Señor, donde se conmemora la Última Cena de Jesús con sus discípulos, y en la que se originó la institución de la Eucaristía, la institución del Orden Sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna, por eso, el Jueves Santo también celebramos el día del Amor Fraterno. Al finalizar el día, ya entrada la noche, nos quedábamos acompañando al Señor en oración, en la Hora de Jesús.
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